Descripción
El presente libro trata de confrontar, en pura dialéctica, la ideología con la razón en un campo en el que confluyen importantes grupos de poder que imponen su doctrina y su ley.
«El sueño de la razón produce monstruos». Porque cuando adormecemos la razón, cuando la abandonamos y dejamos que campe a sus anchas la doctrina o la ideología del poder imperante, cuando la arrinconamos y la orillamos empujados por una alarma social espoleada por los medios, nos deslizamos peligrosamente hacia sistemas totalitarios en los que la presunción de inocencia y la libertad individual son ahogadas en una presunción de criminalidad que se extiende a todo un grupo.
Porque una sociedad que, con el ánimo de perseguir determinadas conductas criminales, concibe un sistema jurídico que, en su concepción y aplicación, a todas luces, conlleva diferencias de tratamiento y merma de derechos para la mitad de sus miembros por la sola razón de su género, no es una sociedad democrática donde prime la igualdad de todos.
Una sociedad que alumbra un sistema en el que la violencia de género sólo es concebida en la medida en que únicamente puede ser ejercida por el hombre contra la mujer, hasta el extremo de identificar a la víctima con la mujer, erigiendo su dedo acusador y su sólo testimonio, en tanto en cuanto resulte sencillamente creíble, como elemento incriminatorio suficiente para una sentencia condenatoria de sus congéneres del sexo opuesto, es una sociedad carente de todo principio de justicia. Que ese sistema conduzca al establecimiento de unos tribunales en los que el acusado siempre y únicamente es el hombre, varón al que se le presupone que ha realizado un acto de violencia contra la mujer bajo una serie de presunciones que no admiten prueba en contra, implica toda una excepción en el sistema judicial y un tratamiento desigual por razón del género. Que ese sistema tienda, antes de todo enjuiciamiento y en todo caso, a la estigmatización y a la criminalización de todo presunto agresor, siempre hombre, conlleva la quiebra de toda garantía y de todo derecho de defensa.
Que se pretenda tratar de enfrentar una cuestión delictiva desde un prisma ideológico, ahogando cualquier pensamiento crítico y silenciando toda disidencia bajo el mayor de los reproches, es cercenar toda dialéctica y pretender un borreguismo servil y una invitación a la cobardía. Porque no puede consagrarse una desigualdad por mera ideología por encima de la razón y de la ciencia.
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